Lectura de Domingo: "La elección presidencial en los E.E.U.U." por Carlos Baeza (2ª parte)

El constitucionalista bahiense se explaya a través de estos dos artículos sobre el sistema de elección presidencial en E.E.U.U., con detalles y observaciones que -a la vez de enriquecernos- cumple, tal cual lo anunciado la semana anterior, con consideraciones comparativas hacia nuestro sistema y algunos datos estadísticos.

 

Paradojas de la democracia en los EE.UU: una gran fake news compartida por la prensa; la opinión pública; la política y hasta los gobernantes de casi todos los países brindado saludos y felicitaciones, ha sostenido que ese país ya tiene un nuevo presidente lo cual no es cierto.Tal como se dijera el mecanismo consta de 3 pasos: primero, la elección de los electores por el pueblo (3 de noviembre); luego la elección del presidente y vicepresidente por parte de los electores (14 de diciembre); y finalmente el escrutinio y proclamación de quienes resulten triunfantes por parte del Congreso (6 de enero) los que serán investidos en sus cargos el 20 de ese mes.

Por tanto, solo se ha cumplido el primer paso cuyo resultado ha sido que los electores del binomio Biden-Harris han superado la mayoría requerida en los respectivos colegios, pero ningún presidente ni vice han sido electos todavía. Ello recién tendrá lugar cuando esos mismos electores en el segundo paso, voten por esa fórmula, más allá de alguna eventual traición, y sean consagrados por el Congreso en el último paso. Todo lo que revela la necesidad de eliminar de una vez el sistema indirecto aunque estimo que ello no será tarea fácil.

1° Ya dijimos que el sistema electoral indirecto utilizado por los EE.UU para elegir al presidente y vicepresidente de ese país, fue seguido por nuestra Constitución entre 1853 y 1949; entre 1958 y 1972 y entre 1983 y 1994, ya que las reformas de 1949 y 1972 -hoy sin vigencia- crearon sistemas directos, al igual que ocurre en la actualidad luego de la enmienda de 1994. No obstante y como explicáramos, existieron algunas diferencias entre ambos sistemas electorales, tales como en nuestro caso lo fueron la obligatoriedad del sufragio; el mayor número de electores; la fecha de reunión de los electores o la solución al caso en que ningún candidato alcance la mayoría requerida; ello sin contar que en Argentina el voto en general debe expresarse en mesas electorales y a través de boletas “sábana”, en tanto en los EE.UU. se utilizan no solo mesas electorales, sino igualmente voto electrónico, boleta única, voto por correspondencia e inclusive se permite la votación en forma anticipada a la fecha de la elección.

Sin embargo, la crítica se centra en el fracaso del sistema indirecto en ambos países y las razones por las cuales, a pesar de ello, el mismo se mantiene en los EE.UU no obstante algunas iniciativas habidas en sentido contrario como el proyecto presentado por la senadores demócrata Bárbara Boxer (California)

2° Una característica diferenciadora entre ambos países es la fecha en que debe tener lugar la elección presidencial. En Argentina no existe un día determinado sino que se fija ante cada convocatoria electoral, con la particularidad que siempre lo es en día domingo, a lo que se suma una serie de obsoletas prohibiciones como la realización de cualquier actividad o espectáculo público, deportivo o social, la utilización de banderas o distintivos o el expendio de bebidas alcohólicas; todas las que en su momento respondían a las actividades de caudillos y punteros que organizaban esos domingos grandes comilonas (asados) bien regadas con abundante alcohol para los simpatizantes, los que luego eran transportados ya “emboletados” a los centros de votación.

En los EE.UU, y a partir de 1845, se vota el primer martes siguiente al primer lunes de noviembre, fecha que se escogió ya que para esa época ya habían finalizado las tareas de cosecha lo que permitía el desplazamiento de los centros rurales que exigía el transporte en carruajes o a caballo, a lo que se sumaba la dificultad que significaba fijar un día sábado o domingo a esos fines, dado que se trataba de días reservados para el culto judío o cristiano, respectivamente. De allí que esa fecha se ha mantenido inalterable desde su inicio hace 175 años.

3° Conforme lo señaláramos la razón que llevó a los Constituyentes de Filadelfia en 1787 a optar por esta solución fue que en esa época la democracia de masas no estaba desarrollada y los incipientes partidos que se estaban gestando, llevaron a la creencia que la gran masa de electores aún no estaba preparada políticamente para tamaña decisión y que en cambio ello podría ser resuelto por un grupo de notables que no equivocarían el camino. Pero la práctica, en ambos países, demostró lo contrario.

Así, en nuestro caso, en los primeros tiempos de la organización nacional, el poder de nominación estaba en manos de una liga formada por gobernadores provinciales y senadores nacionales, que patrocinaban en común el candidato que posteriormente los electores convalidaban disciplinadamente en sus respectivos colegios. Y posteriormente, la aparición y desarrollo de los partidos políticos, les confirió el monopolio de la representación al ser ellos quienes nominaran a los candidatos, que una vez más los electores confirmaban disciplinadamente.

4° En los EE.UU el sistema sigue generando críticas, tales como por ejemplo, que en la actualidad el pueblo se vea privado de elegir a la fórmula
presidencial y deba recurrir a los electores en calidad de intermediarios entre la voluntad popular y los candidatos. Al mismo tiempo, se discute si los electores nominados por los partidos políticos están obligados a votar por sus candidatos o si les cabe la posibilidad de elegir a los de otros partidos. A lo largo de la historia no han sido muchas los casos de quienes traicionaron a sus partidos y de allí que se destaca la última elección presidencial en la cual 10 electores votaron por otros candidatos, tal como algunos demócratas que no querían votar a Clinton y optaron por Trump. Dado que en algunos Estados tal práctica se castiga por diversos medios como, por ejemplo, el pago de multas, algunos de los sancionados recurrieron a la justicia invocando la violación de sus derechos políticos, pero la Corte Suprema afirmó que era una facultad privativa de los Estados.

Por ello, como reconoce Dahl el sistema de electores resultó un fracaso, desvaneciendo “las esperanzas que los delegados a la Convención puedan haber tenido acerca de que el Colegio Electoral funcionaría como un cuerpo independiente, libre de los supuestos vicios de la elección popular. La política de partidos había transformado a los electores en agentes partidarios, un papel que continuarían representando. Típicamente, el privilegio de servir como electores le sería conferido no a ciudadanos sobresalientes dispuestos a expresar sus juicios independientes...sino a individuos leales a un partido, y por lo general de los menos encumbrados. El desarrollo de los partidos políticos y las lealtades a un partido convirtieron el elaborado mecanismo del Colegio Electoral en un mero modo de contar votos”

5° Dado que el sistema estadounidense se basa en un régimen bipartidista -lo cual no excluye la participación de otras fuerzas- tanto los republicanos (rojos) como los demócratas (azules) tienen bastiones firmes en los diversos Estados, los cuales votan reiteradamente por sus propios espacios. Existen no obstante, algunos Estados pendulares ("swing states") -tal como ocurre con Florida con 29 electores- que suelen variar sus decisiones en cada elección. Además, cabe tener en cuenta que salvo en 2 Estados, en los 48 restantes el partido que triunfe, así sea por un voto de diferencia, consigue la totalidad de los electores de ese distrito ("the winner takes all") lo cual acarrea la consecuencia indirecta que un candidato más votado pueda no acceder a la presidencia. Este desfasaje obedece al hecho que como se dijera, los electores representan igual número de representantes y de senadores; y si bien estos últimos son 2 por Estado, no ocurre lo mismo con los representantes que se eligen en función de la población, lo que supone abismales diferencias entre los Estados. Así, por ejemplo, cuentan con 3 electores, los estados de Delaware; Vermont; Montana; Dakota del Norte y del Sur; Wyoming; Alaska y Washington D.C.; mientras que 4 electores contabilizan Nevada; Idaho; Maine y New Hampshire.

Sin embargo, estos 12 estados juntos no alcanzan a superar los 55 electores que corresponden a California, ni los 8 estados que cuentan con 3 electores cada uno, pueden imponerse a Texas (32 electores), Nueva York (33) o Florida (25). De entre todos ellos, la diferencia resulta absurda entre California y Wyoming, como lo revelaron las últimas elecciones de 2016. En efecto: Clinton obtuvo en el primero 8,7 millones de votos y Trump 55.973 en el segundo, lo que hizo que Clinton lograra los 55 electores de ese Estado, en tanto que Trump solo obtuvo los 3 que corresponden a Wyoming. De tal manera ello hizo patente que en California 1 elector representa a 159.160 habitantes mientras que en Wyoming la proporción es de 1 elector cada 18.658 votantes, esto es, casi 9 veces más que un voto californiano.

6° En la historia argentina, nunca el Congreso debió recurrir a elegir a un presidente dado que generalmente todos quienes alcanzaran el cargo, habían logrado las mayorías de electores necesarias en cada momento. Solo cabe destacar que en 1916, a raíz de un conflicto en el radicalismo de Santa Fe, los 19 electores de ese distrito anticiparon que no votarían por la fórmula Yrigoyen-Luna, la cual no alcanzaría los electores necesarios para ser consagradas. Pero finalmente y merced a negociaciones partidarias dicho binomio reunió en los colegios electorales 52 votos, 1 más que el necesario. El otro episodio tuvo lugar en las elecciones del 7 de julio de 1963, cuando la Unión Cívica Radical del Pueblo sólo alcanzó 168 electores, por lo que fue menester contar con el apoyo de diversos partidos minoritarios, lográndose que el 31 de ese mismo mes y con un total de 239 electores, fuera proclamada la fórmula Illia-Perette.
Distinto fue el caso de los vicepresidentes ya que del Carril, al no obtener la mayoría requerida -logró 35 electores contra los 22 de Zuviría, su principal oponente- fue electo por la Asamblea Legislativa en la sesión del 20 de febrero de 1854, por 17 votos contra 1. Y lo mismo ocurrió el 6 de febrero de 1860 cuando el Congreso se reunió para efectuar el escrutinio, ya que si bien Derqui obtuvo los electores necesarios para ser proclamado presidente, no ocurrió lo mismo en el caso del vicepresidente, votando el Congreso y consagrando para tal cargo a Pedernera por 32 votos contra 22.

7° En los EE.UU, por su parte, tanto sea porque ningún candidato obtenga el número de electores requerido o por cuando se produzca un empate, la decisión corresponde a la Cámara de Representantes en el caso del presidente (entre los 3 más votados) pero el voto no es individual, sino por Estado; o al Senado en el del vicepresidente (entre los 2 más votados) donde sí votan individualmente los 100 senadores.

Respecto al empate, en 1801 Thomas Jefferson y Aarón Burr lograron la misma cantidad de electores, por lo cual el Congreso eligió a Jefferson como presidente; situación que originó la Enmienda XII (1804) que dispuso que los electores votaran por separado para presidente y vicepresidente. En cuanto a los casos en que un candidato que ha obtenido menos votos que su contrincante pueda no obstante ser designado presidente, la historia registra varios episodios.
Así, en 1824 John Quincy Adams, con 38.221 votos menos que Andrew Jackson, fue electo por mayoría de electores. Luego, en 1876, Samuel Tilden obtuvo 252.666 votos más que Rutherford Hayes pero este logró más electores y fue consagrado como presidente. Igual situación se dio en 1888 cuando Benjamín Harrison no obstante contar con 94.530 votos menos que Grover Cleveland alcanzó mayor número de electores.

El caso se repitió en 1960 cuando John F. Kennedy obtuvo 34.221.344 votos frente a los 34.106.671 alcanzados por Richard Nixon, pero ello le representó 303 electores contra los 219 recaudados por Nixon. Lo mismo volvió a ocurrir en 2000 cuando Al Gore logró 543.816 votos más que George W. Bush pero debido a un cuestionamiento en el Estado de Florida, finalmente la justicia declaró ganador a Bush por una diferencia de solo 537 votos respecto al total de seis millones emitidos.

Y finalmente, en 2016, Hillary Clinton en una elección sin precedentes por la diferencia, logró 2,9 millones de votos más que su rival obteniendo 232 electores, pero dado que Donald Trump alcanzó 306 electores ello le permitió lograr la presidencia.

Todas estas consecuencias no queridas o al menos no evaluadas en 1787, requieren un cambio radical que asegure de manera más eficiente y cristalina la representación popular que pueda expresarse en forma directa prescindiendo de intermediarios. De todas formas, el próximo 6 de enero al mediodía la Casa Blanca tendrá un huevo huésped.