Mié01272021

ActualizadoMié, 27 Ene 2021 12pm

Lectura de Domingo: "Los caballos de Calígula" por Carlos Baeza

“Diputado: miembro de la cámara baja en este mundo, sin esperanza visible de ascenso en el próximo” Ambrose Bierce

 

Que los partidos políticos en Argentina se encuentran en una crisis terminal no es una novedad sino un hecho verificable, particularmente a partir del año 2001 cuando en medio de piquetes y cacerolazos se acuñó el reclamo “¡que se vayan todos! Y si a ello se suma el desprestigio de las instituciones republicanas, particularmente el Congreso que recluido en sesiones virtuales y abdicando de sus potestades constitucionales viene tolerando el gobierno de los DNU, era previsible el bochornoso espectáculo protagonizado en pleno debate por el diputado del Frente de Todos, Juan Emilio Ameri, quien no encontró mejor momento para expresarle su pasión a la compañera sentada en su falda; en tanto otra pantalla del Zoom mostraba a un colega partidario durmiendo plácidamente. Ello lleva a preguntarse si realmente es cierto que los diputados son los representantes del pueblo.

1° El caso “Ameri” no es sino uno más en una larga lista de desaguisados de los representantes que supimos conseguir. Uno emblemático fue el del “diputrucho” Juan Manuel Samid -hermano del célebre “rey de la carne”- quien el 26 de marzo de 1992 y sin ser diputado, ocupó una banca y votó la privatización de Gas del Estado; pero lo escandaloso fue que además del nombrado hubo otras cinco personas en su misma condición, todos colaboradores de legisladores justicialistas que si bien alcanzaron a escapar, luego se conocieron sus orígenes. Así, uno era empleado de Felipe Solá; otro del riojano Carlos Romero; un tercero del mendocino Nicolás Becerra; otro del porteño Eduardo Varela Cid y el último del fueguino Carlos Manfredotti. Otro caso vergonzoso fue protagonizado por dos funcionarios kirchneristas, la tucumana Beatriz Mirkin y el chubutense Carlos Eliceche quienes habían obtenido sus bancas de diputados en forma “testimonial”, por lo cual renunciaron a ellas y fueron designados en cargos provinciales .Pero como las dimisiones no habían sido aceptadas por la Cámara y siendo que se debía votar el memorándum con Irán y el oficialismo no contaba con los votos suficientes, ambos “renunciaron” a sus conchabos provinciales, reasumieron sus bancas y luego de votar fueron nuevamente “designados” en aquellos cargos.

2° Según los arts. 1 y 22 de la Constitución Nacional nuestra forma de gobierno es la representativa republicana en la cual el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de los representantes que el mismo elige a través del sufragio y por un periodo determinado. De allí que las democracias representativas que hoy se conocen, son aquellas en las cuales por representante se considera a una persona que reúne las dos características siguientes: por una parte, “en cuanto goza de la confianza del cuerpo electoral, una vez elegido ya no es responsable frente a sus electores y en consecuencia no es revocable”; y por otra “no es responsable directamente frente a sus electores, precisamente porque él está llamado a tutelar los intereses generales de la sociedad civil y no los intereses particulares de esta o aquella profesión” (Bobbio)

3° La misma Ley Fundamental en su art. 38 dispone que los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático lo cual no merece reparo alguno y es propio de la mayoría de los gobiernos modernos. Pero lo que sí resulta cuestionable es el conferir a los partidos políticos el monopolio de la representación, esto es, que nadie pueda ocupar cargos si no es a través de un partido político. En tal sentido, el art. 2° de la ley 23.298 dispone que a ellos “les incumbe en forma exclusiva la nominación de candidatos para cargos públicos electivos”; y si bien el 2° párrafo admite las candidaturas independientes, es decir, las de electores no afiliados a partido alguno, ello solo lo es a condición que tal posibilidad esté admitida en sus cartas orgánicas lo cual torna impracticable esta variante, no obstante lo cual la misma se encuentra regulada en la mayor parte de las democracias actuales. Y una muestra más de este monopolio es posible encontrarlo en la propia Constitución Nacional la cual en su art. 54 dispone que los 3 senadores que corresponden a cada jurisdicción no se adjudicarán a los candidatos que más votos hayan obtenido, sino que se distribuirán “dos bancas al partido político que obtenga el mayor número de votos y la restante al partido político que le siga en número de votos”.

4° Siendo así, es rotundamente evidente que por más que el art. 45 de la C.N sostenga que la Cámara de Diputados se compondrá de representantes del pueblo lo cual se compadece con los ya citados arts. 1 y 22 del mismo texto, ello no deja de ser más que una fake news institucional toda vez que los diputados no representan al pueblo sino a los partidos políticos que ejercen el monopolio de tal representación. De tal forma, el representante no se encuentra ligado a instrucción o mandato alguno de sus electores, sino que sólo debe responder a sus propias convicciones, lo que lo convierte así “en el ‘señor’ investido por sus electores y no en el ‘servidor’ de los mismos. Y esta característica se aprecia modernamente en los Parlamentos a través de la acción de los partidos políticos ya que éstos son los que presentan los candidatos y los programas a los ciudadanos políticamente pasivos y por compromiso o votación dentro del Parlamento crean las normas para la administración, la controlan, apoyan gobiernos con su confianza y los derriban también cuando se la rehúsan de un modo permanente, siempre que hayan podido obtener la mayoría en las elecciones” (Weber) Se advierte entonces que las constituciones “tratan a las asambleas legislativas como si estuviesen compuestas de representantes soberanos y con libre potestad de decisión, en una atmósfera desinfectada de partidos” siendo que los representantes acceden al Parlamento a través de las listas de candidatos que presentan los partidos políticos, encontrándose generalmente sometidos a las instrucciones y potestad disciplinaria de esos mismos partidos. Por tanto “se repetirá hasta la saciedad la mística espuria de que el miembro del parlamento representa a la nación entera, siendo el resultado práctico que el parlamentario puede cambiar de partido según su voluntad, sin tener que temer que sus electores le pidan cuentas por ello” (Loewenstein)

5° El restante problema está dado por las mínimas exigencias para ocupar los cargos. Repárese que, por ejemplo, para ser diputado nacional solo se requiere contar con 25 años de edad; tener 4 años de ciudadanía en ejercicio y haber nacido en la provincia que lo elija o con 2 años de residencia inmediata en ella (art. 48 C.N); y recaudos similares son requeridos por el art. 55 para ser senador. Se entiende que a la época de sancionarse la Constitución Nacional (1853) los Padres Fundadores no creyeron conveniente exigir más requisitos para acceder a los cargos a fin de facilitar la integración de los primeros cuerpos legislativos; pero hoy no aparece razonable que con solo los mínimos recaudos señalados un legislador esté capacitado para una labor parlamentaria cada vez más compleja sin contar con las herramientas que el cargo requiere.

6° Y el último aspecto se presenta con el sistema electoral de las célebres “listas sábanas” con sistemas mayoritarios que facilitan que en sus pliegues se escondan los Ameri y Cía. Tomemos el caso de nuestra provincia a la cual según su población le corresponde elegir 70 diputados nacionales. De ese total, el elector de nuestra ciudad solo podrá conocer 2 o 3 candidatos de la zona pero de manera alguna a quienes componen el total de la lista, por lo cual urge modificar aspectos del régimen electoral, como ser la eliminación de la boleta de papel; el voto electrónico y la adopción de un mecanismo de mayor transparencia, como pudiera ser el sistema de circunscripciones uninominales -como se aplicara en Argentina en 1904- o su combinación con un régimen proporcional como el D’Hondt, tal como sucede en Europa. Si en la provincia de Buenos Aires se derogara el arcaico e injusto sistema de cuociente se podría, por ejemplo, recurrir al de circunscripciones -al menos inicialmente en el orden municipal- por el cual la ciudad se dividiría según la cantidad de concejales (24) en 24 circunscripciones, en las cuales cada partido presentaría un solo candidato en cada una de ellas. Pero cualquiera pueda ser la iniciativa en la materia es indudable que el actual sistema no puede subsistir. Como acertadamente señala Sartori utilizando los sistemas mayoritarios en distritos con un electorado seguro, en los que un mismo partido obtiene elección tras elección una mayoría cómoda, los partidos no se sienten tan presionados para buscar al mejor candidato, pues igual ganarán. En cambio, de recurrirse a los sistemas de circunscripciones, en los distritos que eligen un solo representante, los electores ven a personas concretas, con nombres propios, por lo cual los partidos deben tratar de encontrar un buen candidato, cuando el margen de la votación es pequeño y poco seguro, debido a que el electorado es cambiante. Por ello recuerda que el Emperador Calígula para demostrar su poder, llegó a nombrar senador a su caballo “Incitatus”; y de allí que en política se utiliza la expresión “los caballos de Calígula” para significar que cualquiera -incluso un caballo- puede lograr que se lo elija, si el sistema electoral es de listas, siendo más dificultoso que “los caballos de Calígula” sean elegidos cuando se vota por una sola persona.

Como conclusión, debemos señalar dos lamentables consecuencias: la primera, que usted como elector, nunca eligió a ningún candidato, ya que se limitó a “optar” entre los nombres que encontraba en las boletas, que ya habían sido elegidos por los partidos políticos en virtud del monopolio de la representación que ejercen; convirtiéndose así en lo que Bierce define como elector, esto es, “el que goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros”; y la restante que esos diputados por los que usted debió “optar” no lo representan como “pueblo” sino que solo son los representantes de los partidos políticos que los llevaron en sus listas.

PD: Escribo apresuradamente estas líneas antes que la Defensoría del Público de los medios audiovisuales, dirigida por Miriam Lewin, una auténtica demócrata, ponga en funcionamiento el NODIO (Observatorio de la desinformación y la violencia simbólica en medios y plataformas digitales). ¿Y los arts. 14 y 32 de la C.N?

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