Lectura de Domingo: "Cambalache" por Carlos Baeza

“Que el mundo fue y será una porquería

ya lo sé, en el quinientos seis y en el dos mil también…”

 

En recientes declaraciones a los medios, el presidente Alberto Fernández sostuvo que “A la Argentina le fue mejor con el coronavirus que con el gobierno de Macri”. Y apoyando estas palabras, otro personaje que con habitualidad también se habla encima como es el caso del jefe de gabinete de la provincia, Carlos Bianco, adujo que el neoliberalismo del gobierno anterior “fue peor que el coronavirus en términos de muertes”. En primer término, alegar que al país “le fue mejor con el coronavirus” pareciera indicar que la pandemia ya pasó y que es hora de evaluar sus resultados, cuando -por el contrario- estamos en un pico de contagios y muertes en todo el territorio; pero por otra parte, tal aseveración de ambos funcionarios lleva a la cruel conclusión que estamos mejor con las muertes producto de la pandemia que con la vida de los habitantes en el anterior mandato...

Por si estos desmemoriados recuerdan mal el periodo 2015-2019 y atribuyen todas las calamidades a ese gobierno, resulta oportuno afirmar que durante el mismo los argentinos ejercíamos con plenitud nuestros derechos. Todos podíamos circular libremente por las ciudades y pueblos; transitar entre provincias y salir del territorio nacional; el comercio, la industria y los servicios funcionaban regularmente; se podía asistir a espectáculos públicos y deportivos; practicar los cultos en los templos; llevar a cabo reuniones sociales y familiares; visitar a parientes y amigos; acercar una palabra de esperanza y amistad a quienes padecían enfermedades y estaban hospitalizados; poder acompañar en el dolor a quienes habían perdido un ser querido; accedes a los cementerios y llevar una flor a nuestros familiares difuntos; realizar todo tipo de trámites en oficinas públicas, privadas y bancos; salir a cenar con amigos; practicar deportes al aire libre y en gimnasios; poder celebrar bautismos o casamientos -según los diversos cultos- y reunirse para festejarlos con amigos y parientes; sentarse a tomar sol en una plaza o paseo público; sacar a pasear al perro; andar en bicicleta; tener acceso irrestricto al servicio de justicia o, en fin, poder hacer realidad los postulados del preámbulo de nuestra Constitución y de los innegables derechos a la libertad, la igualdad y la propiedad privada. ¿Por qué en la mayoría de los países que han sufrido la misma pandemia e incluso con mayor cantidad de infectados y muertos, todo lo precedente volvió prácticamente a la normalidad bajo ciertos protocolos y nosotros no podemos?

“¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón! ¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!”

Si esta gente que se habla encima cree realmente que la forma de vida que llevamos durante el gobierno anterior fue peor que la actual, es porque no quieren ver la realidad y quizá debieran realizar una encuesta para enterarse acerca de la percepción popular. ¿Cómo pueden pensar que los argentinos preferimos convivir hace más de 5 meses enclaustrados en nuestros domicilios y privados del ejercicio regular de nuestras libertades por efecto de una pandemia que generara más de 360.000 contagios y cerca de 8.000 muertes? ¿O que como consecuencia de la misma, se hayan perdido más de un millón de puestos de trabajo; que el índice de pobreza haya trepado al 45% o que más de 180.000 personas hayan quedado sin cobertura de obras sociales?¿Cómo entender que los habitantes solo podemos salir de nuestras casas para adquirir alimentos o remedios? ¿O que para circular por las rutas haga falta una autorización por 24 hs. y que la misma solo puede obtenerse 2 veces por semana? ¿Cómo puede entenderse que una familia no pueda celebrar un acontecimiento íntimo? ¿Por qué el comercio, bajo ciertos protocolos, no puede funcionar regularmente, provocando la quiebra y el cierre de cientos de locales en todo el país, muchos de los cuales ya no volverán a abrir sus puertas? ¿Por qué se sanciona a quienes solo pretender practicar actividad física al aire libre, como ocurrió con un remero de nuestra selección olímpica que solo en su bote en medio del río y sin posibilidad alguna de contagiar a nadie, hizo movilizar a dos helicópteros y a lanchas de la Prefectura, siendo finalmente sometido a un proceso? ¿O que se detuviera a una pareja que paseaba en bicicleta y a una mujer que caminaba con su perro? ¿Cuál es la razón para que los bancos solo atiendan por ventanillas para el retiro de moneda extranjera pero no de nuestros pesos? ¿Por qué somos uno de los contados países del mundo que seguimos aislados sin vuelos tanto internacionales como de cabotaje, e igualmente sin poder trasladarnos por el interior del país ya sea en ómnibus, trenes o vehículos particulares? ¿A qué se debe que quienes profesamos un culto no podamos celebrar nuestros oficios religiosos, en forma diaria o al menos semanal, bajo protocolos de seguridad? ¿No advierten que la inseguridad ha crecido en forma alarmante y figura en las encuestas con prioridad a otros rubros? ¿Por qué se pueden abrir casinos y no escuelas? ¿Quién puede seriamente sostener que en estos meses de la pandemia estamos mejor que en el gobierno anterior? ¿Fernández y Bianco sinceramente creen que los argentinos estamos viviendo mejor que entre 2015 y 2019?

“¡Todo es igual, nada es mejor!
¡Lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplaza’os ni escalafón. Los inmorales nos han iguala'o”

Pero como si todo esto fuera poco las irrazonables e inhumanas actitudes de gobernadores e intendentes han agravado aún más el panorama al adoptar medidas francamente violatorias de los derechos humanos. Por una parte, están los intendentes “patrón de estancia”, que creen que son dueños de los municipios que administran y en esa calidad, impiden el ingreso a esas localidades, inclusive de quienes sin vivir en ellas, poseen propiedades a las que hace 6 meses no pueden ingresar, tal como ocurre en varias localidades balnearias como Monte Hermoso. En otras, directamente se han colocado vallas o montículos que impiden el acceso a los pueblos y ciudades vecinos, obstaculizando no solo el tránsito de personas sino igualmente de mercaderías y productos. ¿Quién les ha hecho creer que están habilitados para violar el derecho de tránsito entre ciudades y provincias garantizado por los arts.8, 10, 11 y 14 de la Constitución Nacional?

Otros más progresistas como el intendente de Coronel Suárez logró que la policía denunciara a un grupo de personas, muchas de ellas a caballo, que realizaban un homenaje a San Martín incluyendo a la propia oradora del acto, todos los que ya fueron citados por la justicia y generando una denuncia por abuso de autoridad contra el citado funcionario. Estos desubicados ignoran que no obstante que la reforma constitucional de 1994 en su art. 123 dispuso que las provincias asegurarían la autonomía de sus municipios, lo cierto es que la de Buenos Aires, si bien modificó su texto luego de esa fecha, no incorporó el tema de la autonomía y sigue regida por la Ley Orgánica de Municipalidades, por lo cual, los intendentes no están habilitados para cerrar el acceso a sus ciudades -como lo vienen haciendo por más cuarentena que exista- por ningún motivo, como se lo recordó recientemente la Ministro de Gobierno bonaerense a uno de estos “patrones de estancia” que en la videoconferencia tragaba saliva y asentía sumiso.

“Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldad insolente,
ya no hay quien lo niegue…”

Peor aún han sido los dos casos de familiares que no pudieron visitar a sus parientes moribundos. Así, pudimos ver azorados como el padre de Solange Musse quien se encontraba internada con un cáncer terminal en Córdoba, viajó desde Neuquén para poder despedirla y ello le fue impedido. Ahora lo habilitaron pero para llevarse el féretro de su hija muerta. Y una situación similar se dio con Martín Garay quien vivía en San Luis y padecía también un cáncer terminal y al cual sus hijas domiciliadas en Tierra del Fuego intentaron ver por última vez para despedirse, manejando 3.500 km y siendo rechazadas en 10 ocasiones, hasta que finalmente su padre falleciera. ¿Qué autoridades provinciales, municipales o policiales pueden llegar a ese grado de crueldad por más cuarentena que exista? ¿El presidente le va a explicar al padre de Solange que estamos mejor durante la pandemia que en el anterior gobierno? ¿O el chofer de campaña de Kicillof tendrá un justificativo para decirles a las hijas de Garay que ahora estamos mejor en materia de muertes que durante la gestión Macri?

“Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor Ignorante, sabio, chorro, generoso o estafador…”

Y como la idiotez no tiene límites, las autoridades sanjuaninas han perpetrado un atentado a elementales derechos humanos pretendiendo aggiornar episodios bíblicos. En efecto: en el Éxodo (12,22) se lee: “Tomen un manojo de hisopo mojado con la sangre y marquen los dos postes y la parte superior de la puerta. Y que ninguno de ustedes salga fuera de la puerta de su casa hasta la mañana. Pues Yavé pasará para castigar a los egipcios y, al ver la sangre en la entrada, pasará de largo y no permitirá que el Exterminador entre en sus casas y los mate”.

Traducido en sanjuanino: en lugar de marcar las puertas con sangre lo hacen con fajas de papel y así el Exterminador (el coronavirus) no es que no entrará en las casas, sino que como ya lo hizo, expondrá a sus habitantes al escarnio y la humillación, solo por estar enfermos. Semejante violación a derechos humanos amparados por la Constitución Nacional y los tratados internacionales, como lo son la dignidad, la privacidad y la dignidad de toda creatura, merecería un repudio generalizado por parte de toda la ciudadanía y hasta la promoción de acciones judiciales contra los autores de tamaña brutalidad. Pero no se ha visto ningún cuestionamiento oficial a los barones sanjuaninos.

Pero como en la Argentina de la anomia y el atropello todo es posible, encima ha reaparecido un personaje anunciando el apocalipsis cercano. Es que Eduardo Duhalde, el ex presidente de facto a quien no le dio el cuero para concluir el inconstitucional mandato que violando la Constitución le confiriera el Congreso y el mismo que anunció que en el “corralito” quien depositara dólares recibiría dólares, ha sorprendido a propios y extraños afirmando que no habrá elecciones en el próximo año; que estamos en un periodo preanárquico que huele a sangre y que como recorre los cuarteles -como ya lo hizo cuando motorizó el “club del helicóptero” que tras un golpe “blando” volteara al presidente De la Rúa- sabe que habrá un golpe de Estado.

Después de este breve resumen de nuestra actualidad en cuarentena, usted lector, ¿está de acuerdo en que estamos mejor que en el anterior gobierno?

Supongamos que todas las restricciones a los derechos individuales que analizáramos tienen su origen en el coronavirus, lo cierto es que la prolongada cuarentena de más de 5 meses no ha evitado la creciente cantidad de afectados que nos ha hecho superar en contagios diarios a Brasil y Nueva York y quedar igualmente por encima de países europeos. Y supongamos también que el gobierno anterior fue uno de los peores de la historia y responsable de todos nuestros males, usted lector, ¿puede seriamente pensar que vivir en la actualidad en este cuadro que señaláramos nos permite vivir mejor y con más plenitud que en el período 2015-2019?