En el Día del Folclore: "Mancarrón" de Mario Daniel Eriksen

Eriksen es poeta, escritor, actor, profesor de teatro/ director, decidor y recitador criollo. Vive en nuestra ciudad y es integrante de “Poetas de la Bahía” desde el año 2002, vice-presidente de la entidad.

Pobre mancarrón rosillo,
que está charcón y bichoco...
Ya casi le quedan pocos
resplandores en el brillo.
Si habrá pechado novillos
en los bretes y potreros...
Hoy, el lunar del Lucero,
lo entropilla con sus astros,
y con las matras del pasto,
tiende su sueño tropero.

Un solcito doradillo,
lo ensilla con tibios rayos,
y en los ojos del caballo,
hay un cielo de espinillos.
La ausencia de un cojinillo
sobre el lomo trajinado,
delata un rudo pasado,
de polvo, tropas y arreos...
Y su último deseo,
es  morir al descampado.

Estaqueadero de barbas
del diablo, babea el alambre.
Un matungo arrastra el hambre,
entre yuyales sin parvas;
Parece ser, que las larvas
pronto serán mariposas...
Pero él, es agreste rosa,
con un corazón de espinas,
y se esfuma en la neblina
del ocaso de las cosas.

Cerrazón de panaderos,
lo envuelven en el cardal.
Sólo aguarda el vendaval
y ya echa el anca al Pampero.
Tal vez, su curtido cuero,
se cubre de soledades...
Y alucina mocedades,
al galope por el llano,
cuando un sufrido paisano,
paleteaba tempestades.

Con las clinas desflecadas,
las ranillas con abrojos...
Garugas caen de sus ojos,
por las memorias grabadas.
Lleva una garza enancada,
tan blanca como su estrella;
y al tranco va por la huella,
que lo lleva hasta la muerte,
repechando con su suerte,
la parca, que lo atropella.

Cortejo de azules cardos,
a la osamenta rodean,
y los cuervos se pasean,
con ponchos de oscuros bardos;
ya chucean con sus dardos
de agoreras melodías...
Agónico, muere el día
entre soles cuchilleros,
y lechuzones camperos,
dan chistidos de avería...

Sus ollares de bravura,
para siempre están dormidos,
y su cuerpo, ya vencido,
será polvo en la llanura;
porque la criolla figura
de un flete rosillo argel,
se ha convertido en aquel
pobre y viejo mancarrón,
que expiró en el cañadon,
con los sueños de un tropel.