Mié10212020

ActualizadoMié, 21 Oct 2020 12am

La bahiense Sonia Budassi opinó que "el conflicto en Medio Oriente es tan político como religioso"

La escritora habló sobre su más reciente libro "La frontera imposible", que indaga sobre el enfrentamiento entre palestinos e israelíes desde los propios lugares en disputa

 

¿Qué punto de contacto tienen las monjas de clausura en Argentina, Carlitos Tevez y el conflicto entre Israel y Palestina? Es muy posible que la respuesta correcta sea ninguno, pero también se puede arriesgar que la curiosidad y el deseo de saber para poder contarlo sea el motor para acercarse a temas tan diversos y narrarlos con el ritmo y la belleza de la mejor literatura.

Y entonces alguien dirá: eso es la crónica y otro aportará que es el non fiction que tiene a Truman Capote o a Gay Talese como grandes maestros. Y no faltará el que hable de lo que se está produciendo en Argentina en los últimos años y nombrará - después de hacer honor a Tomás Eloy Martínez- a Cristian Alarcón, Josefina Licitra, Leila Guerriero, Rodolfo Palacios o los textos de la revista Anfibia.

Seguro alguien más se sumará a esa mesa y hará una propuesta que será bien recibida: Sonia Budassi. Es ella, nacida en Bahía Blanca en 1978, la que pone todos sus sentidos a funcionar para investigar, escribir y publicar como libro los tres temas que abren esta nota: "Mujeres de Dios" (2008),"Apache. En busca de Carlos Tevez· (2010) y ahora ·La frontera imposible: Israel Palestina", que acaba de publicar Marea.

"El libro surge a partir de una invitación de una fundación que, periódicamente, lleva hacia Israel y Palestina lo que ellos llaman de una manera un poco pretenciosa formadores de opinión", cuenta Budassi en esta entrevista y detalla que las comitivas incluyen periodistas, políticos, escritores y empresarios. Vale esta aclaración inicial porque la periodista y escritora no lo hace pasar de largo. Por el contrario, las 300 páginas de la obra están atravesadas por una mirada crítica (que es también una indagación personal) sobre la forma en que este tipo de viajeros -enmarcados en lo que podría llamarse "la clase dirigente"- se acerca al conflicto.

Budassi estuvo en Infobae para hablar sobre este relato coral en el que trabajó cuatro años y de su particular forma de abordaje a un conflicto tan largo como complejo, de cómo viven los chicos en la zona y el rol de las redes sociales en la guerra

-Usted dice en el libro que tiene "escasa legitimación" por ser "apenas escritora, apenas periodista argentina, ni árabe, ni judía, ni israelí, ni palestina" y que "la incomodidad crece". ¿Esta afirmación es una clave para leer este trabajo?

Por un lado, esa situación de incomodidad, de corrimiento y de desacomodo es un buen lugar o, por lo menos, el lugar que me resulta más productivo para escribir. Un lugar desde el cual dudo de todos y en donde siento que tengo enemigos, que muchas veces son reales y otras imaginarios. Enemigos es un término hiperbólico, pero en algunas oportunidades lo sentí bastante así. Por otro lado, específicamente con este tema de Israel y Palestina, uno siente que permanentemente tiene que dar cartas de cuál es la intención, presentar credenciales de qué lado está uno y mi lugar era precisamente estar en un lugar bastante corrido de las posturas extremas. Y lo que pasa desde que uno llega al aeropuerto Ben Gurión y te preguntan para qué vas, cuál es tu profesión y con qué intención llegaste al territorio. Una siempre tiene que presentar una identidad y un objetivo y en mi caso estaba bastante desdibujado por esto que vos citaste, por eso el desafío era meterme y observar ese mundo desde un lugar de respeto pero también permitirme cierta mirada crítica que me parecía que era ineludible.

-Esa mirada crítica es por momentos irreverente o, como dice Cristian Alarcón en la presentación, "políticamente incorrecta", en el sentido que no forma parte del abordaje habitual que hacen los medios de comunicación

La verdad es que me encontré con muchos discursos remanidos y mucha retórica que, a fuerza de repetición o a fuerza de slogan, sentía que iban perdiendo sentido, fuerza y capacidad de influencia y de impactar al otro y de hacerlo pensar. Un desafío interesante era tratar de desandar ese camino y de ver qué hay detrás de estos discursos y de estas pancartas, tanto desde el lado de la militancia pro Palestina como desde la militancia pro israelí. Por decirlo de una manera irreverente: uno de los divertimentos medio tortuosos, y esto parece un oxímoron, fue tratar de mostrar las grietas en este tipo de discursos preestablecidos y que son mayoritariamente aceptados.

-De su extensa lista de fuentes usted se detiene en dos cuya presencia destaca en el texto, Loria una mujer que vivió casi toda su vida en un kibutz y el funcionario palestino al que un diario europeo define como alguien que "nació con cara de ministro". ¿Por qué?

Loria es un chica hija de argentinos que vive en un kibutz prácticamente desde los dos años. De ella me pareció interesante que era muy capaz de relatar este cambio generacional desde la época de sus padres, donde los kibutz tenían una impronta socialista y de vida comunitaria y en el que había un régimen en donde todos cobraban igual y esta cuestión que es universal y que va ganando el capitalismo en todos los sectores: los kibutz pasan a ser prácticamente un country, en donde el acceso pasa por el poder adquisitivo, uno puede alquilar una casa y no tiene que cumplir con las reglas de otros miembros de la comunidad. Me gustaba ver ese pasaje, algo tan simbólico como son los kibutz, que son elementos que usaron los pioneros en la fundación del Estado de Israel casi como un estandarte de lo que ellos iban a conquistar. Me interesaba ese punto de quiebre: hay una interpelación que trato de hacer en el libro que tiene que ver con lo contemporáneo. Por ejemplo, en las redes sociales pero también en el cambio de estas formas de vida y en la forma de vivir el nacionalismo.

-¿Y respecto a Nabil Shaath, el funcionario palestino?

Por decirlo de una manera banal, Loria es un persona común y corriente y después tenemos este personaje de la historia que es un gran personalidad, Nabil Shaath, ex mano de derecha de Arafat y que, al contrario de Loria, tenía un discurso más estructurado, el de un funcionario y uno lo veía actuar y era un político profesional muy agradable y atento al otro, muy persuasivo en su manera de hablar. En él también era muy notable ese recorrido que hizo desde ser parte de la Organización de Liberación de Palestina (OLP) y cargar armas a acompañar a Arafat a los procesos de paz y ser hoy uno de los líderes de las negociaciones con el Estado de Israel. A partir de ese personaje uno puede ver el statu quo, en un momento dice "ya hace cuarenta años que estoy negociando, ya nos conocemos". También a partir de él se ve el conflicto entre las nuevas generaciones de dirigentes y algunos otros políticos que, si uno escucha a unos ciudadanos palestinos, muchas veces están disconformes porque hay gente que viene gobernando desde hace muchos años y no se termina de producir un recambio.

-Después de leer su libro, la sensación que queda es que en Medio Oriente no existe la niñez, que los chicos se hacen adultos muy pronto.

Hay otro tipo de niñez en que la violencia está muy naturalizada, ya sea desde el lado de los palestinos de Cisjordania, como en los chiquitos que viven en el sur de Israel donde tienen totalmente internalizado un sistema de alarmas que suenan cuándo se está acercando un misil que viene desde el lado de Gaza y tienen un instructivo que seguir que consiste en esconderse en un refugio y esperar un determinado tiempo para después continuar con su vida normal. Desde el lado palestino también, es una pregunta muy angustiante, qué va a pasar con esos chicos que son criados teniendo que pasar puestos de control militares y que tienen que ser revisados cada vez que tienen que ir a un hospital o cuando tienen que trasladarse de una ciudad a otra.

-Usted dice que esta es la primera guerra que se transmite por las redes sociales.

Sí, la del 2012, que fue Pilar Defensivo y en 2014 hubo otra ofensiva más importante sobre Gaza y ahí se terminó de consolidar ese proceso. Lo que pasó en 2012 fue que por primera vez las fuentes oficiales, el Ejército y los gobiernos, empezaban a comunicar en vivo su versión de los hechos e incluso a transmitir los operativos sobre lo que llaman "targets killings", que son asesinatos dirigidos a líderes de Hamas. Ese tipo de operativos se transmitían en vivo. Otra de las cosas que me interesaba era la batalla simbólica, la batalla por el sentido. En esta última guerra se veía, por un lado, ciudadanos comunes transmitiendo desde Twitter en Gaza, y las fuentes oficiales. También, fuera del territorio, había muchísimas guerras virtuales. Incluso en Argentina me pasaba de ver el Facebook de muchos amigos míos, muchos de ellos gente que trabajan con el lenguaje, en donde había un grado de intolerancia (que se dice que las redes sociales potencian) pero que este conflicto lo torna más efervescente. Había peleas terribles, por ejemplo alrededor de cómo se utilizaba la palabra sionista. Ese es un campo muy productivo para ver.

-¿Ese uso de las redes sociales provocó un cambio en las características militares del conflicto?

Los militares aprendieron muy rápido a usarlas muy bien. Deben tener expertos comunicólogos muy avezados porque una está acostumbrada a que las fuentes oficiales tiendan a usar un lenguaje burcrático institucional y formal y ellos recurren a ese lenguaje pero también a la ironía. También hay algo que puede terminar siendo peligroso, la distribución de flyers con slogans para ser posteados en Facebook y en donde es muy fácil demonizar al otro y no darle nada de crédito a la otra parte y situarse desde un lugar del bien absoluto y, entonces, el otro es el mal absoluto.

-Del libro surge algo que es importante resaltar y es que entre tanta violencia existe una fuerte convivencia religiosa ¿Es así?

Desde el prejuicio y desde el desconocimiento, suele pensarse que todos los palestinos son musulmanes. Y si bien hay una gran mayoría de musulmanes, el Gobierno de la Autoridad Nacional Palestina es laico. Por otro lado, en la población hay gran cantidad de cristianos que conviven con musulmanes y judíos. Del lado israelí, hay ciudadanos árabes israelíes que profesan la religión musulmana, también judíos ortodoxos y hay ciudades muy liberales como Tel Aviv, donde hay un gran porcentaje de ateísmo. Es muy rico ver esta convivencia. Si bien hay sitios y momentos puntuales en los que parece que el conflicto es religioso, por ejemplo cuándo cierran la Mezquita de Alaxa y los musulmanes no pueden entrar para rezar, el conflicto tiene más que ver con lo político que con lo religioso porque, salvo extremistas que hay en ambos lados, la experiencia de convivencia pacífica es muy palpable.

-Su primer libro de crónica fue "Mujeres de Dios". ¿Le interesa indagar en los temas que involucran lo religioso?

Me interesan mucho las estigmatizaciones, eso me llevo a escribir "Mujeres de Dios" para tratar de romper y ver qué hay detrás de los lugares comunes. También eso me pasaba con Israel y Palestina y estos lugares estancos de los buenos y los malos. La religión sirve para entender muchas cosas, incluso ahora que estamos en una época de secularización muy fuerte pero quedan determinadas estructuras que siguen funcionando igual. . (Infobae)

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar