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ActualizadoLun, 30 Nov 2020 1am

El homicidio impune de Pablo Cantero, el enfermero de Punta Alta que buscaba ser feliz en Comodoro

M.B. era el único testigo del homicidio del enfermero Pablo Cantero, asesinado el 30 de octubre de 2013. Había apuntado desde un principio al único procesado, pero al final se negó a ratificar sus dichos en un juicio, ante los jueces, fiscales, abogados defensores y el hombre al que había señalado aquella madrugada. Directamente, el testigo adujo que recibió amenazas por mensaje de texto y que temía por su familia.

 

Impotente para garantizar seguridad con el fin de que se haga justicia, el fiscal Marcelo Crettón optó por solicitar el sobreseimiento de Daniel Lescano Jara, lo cual fue aceptado por el juez que tenía el caso. Y otro crimen quedará sin resolver, como cantaba Gustavo Cerati.

El 1 de setiembre pasado el juez Alejandro Soñis dictó el sobreseimiento de Daniel Lescano Jara (25), ciudadano de nacionalidad uruguaya y único imputado y procesado en la causa del homicidio de Pablo Javier Cantero, quien tenía 31 años cuando lo mataron el 30 de octubre del año pasado.
El juez se limitó a cumplir sin más trámite el pedido del Ministerio Público Fiscal, organismo encargado de llevar a cabo la investigación y de sentar al criminal en el banquillo de los acusados.

Lo insólito del caso y que lleva agua para el molino de aquellos que cuestionan los mecanismos del Poder Judicial es la principal razón por la cual el principal sospechoso fue absuelto: las amenazas al único testigo. Nuevamente, uno de los pilares básicos de toda democracia que se precie mostró las grietas; sus limitaciones y, ¿por qué no?, cierta desidia de sus integrantes a la hora de hacer cumplir su misión: que se haga justicia.

Pero no es la primera vez que un testigo se desdice de su original declaración y por ello las condenas nunca llegan. El viernes 7 de noviembre, por ejemplo, una testigo clave cambió lo que antes había dicho y un acusado de homicidio, Claudio “Gallo” Vera, obtuvo el beneficio del arresto domiciliario en el caso en donde se investiga el crimen de Néstor Vázquez, ocurrido el 17 de marzo de este año.

Y nadie puede caerles a los testigos porque en el fondo quienes conocen el ambiente saben que nadie puede garantizarles la seguridad en una sociedad en la que la impunidad parece una norma y las condenas una excepción. Sino, ¿cómo se explica que tantos sospechosos e imputados por gravísimos crímenes que incluyen hasta homicidios, circulen con total libertad por las calles de Comodoro? Y no solo caminan entre nosotros, sino que hasta se dan el lujo de hacer ostentación de su estatus de “cuasi protegidos”, mientras pergeñan nuevos actos reñidos con la ley, las normas y la convivencia en sociedad.

EL FUTURO QUE NO FUE

Pablo Javier Cantero había llegado a Comodoro meses antes de que le arrebatasen su vida. Buscaba un futuro mejor para él y sus hijos. Tenía 31 años y trabajaba desde hacía dos meses en una clínica privada de salud mental en Kilómetro 8. Buscaba un lugar adecuado para alquilar y traer a sus hijos. Era oriundo de Punta Alta, el barrio de marinos vecino a Bahía Blanca.

Buscando un futuro mejor, Cantero llegó a Comodoro a principios de setiembre de 2013 y residía en La Loma. Le habían dicho que en Comodoro tendría trabajo asegurado por su oficio, a lo que le sumaba un plus: tenía experiencia en ámbitos psiquiátricos.

Por eso lo tomaron inmediatamente en una clínica privada de Kilómetro 8 donde residen personas con adicciones y otros desórdenes mentales. Ahí se hizo querido y lo consideraban como un hombre responsable y que no dudaba a la hora de resolver las situaciones imprevistas que se suelen presentar en estas instituciones.

Además, era un hombre educado que poseía vastos conocimientos de computación. Los que lo trataron dicen que uno de sus hobbies era jugar a las damas. En síntesis: en el poco tiempo que llevaba se había ganado el cariño de los pacientes, compañeros y superiores. Estaba a prueba en el horario de la tarde. También hacía trabajos de enfermería a domicilio y cumplía tareas en otra clínica.
Solo pensaba en reunir el dinero suficiente que le permitiera volver a abrazar a sus hijos lo más rápido que pudiera.

En su portal de facebook, hay una referencia que se repite: extrañaba su lugar y a sus seres queridos. Todo los días saludaba a su madre, Teresa Báez, quien hoy lo extraña tanto que está reuniendo dinero para venir a Comodoro a saber “qué pasó con el caso”.

Pablo se empezaba a acostumbrar al viento cuando una madrugada su cuerpo apareció en la morgue judicial. Para él todo terminó el 30 de octubre de 2013 a la madrugada. Fue cuando le pegaron un tiro en la cabeza. El plomo le dejó un orificio de entrada en el parietal izquierdo y no tuvo salida.

Luego se establecería que ocurrió a las 5:05 en Dorrego 1.065, entre Francia y Chacabuco. La Brigada de Investigaciones accedió al testimonio clave del hombre que acompañaba esa noche a Pablo y a Daniel Lescano Jara, el primer sospechoso. M.B. dijo que se juntaron en su departamento de Dorrego 1.077 a compartir unas bebidas. En la Seccional Primera, donde el testigo contó todo lo que escuchó y vio con lujo de detalles. Incluso hasta accedió a ser filmado para que su testimonio quedara grabado. Dijo que estaba a disposición de la Justicia para lo que fuera necesario.

Según aquella declaración, Cantero había llegado del trabajo por la noche y estuvieron bebiendo los tres, junto a “Dani” (como llamaba el testigo a Lescano Jara). Contó que tomaron hasta que se quedaron sin alcohol. Que había visto que “Dani” estaba armado y que alardeaba con ello. Incluso había puesto la pistola sobre la mesa. Dijo que al no tener para seguir bebiendo, Pablo le ofreció a “Dani” venderle la tablet con la que escuchaba música. Y que el uruguayo le ofreció 500 pesos, lo cual a la víctima le parecía una suma irrisoria. Eso desencadenó una furibunda discusión. El enfermero pretendía más dinero.

El anfitrión no quiso saber nada con el asunto y les pidió a ambos que se fueran de su domicilio. Cantero, entonces, montó en su scotter que había comprado hace poco, pero rápidamente se dio cuenta de que había olvidado la tablet cargando energía, por lo que volvió. Dejó su vehículo estacionado en España y Dorrego y subió caminando las dos cuadras que lo separaban de su preciado objeto.

Al llegar a la puerta de ingreso del inquilinato se encontró con Lescano. La Fiscalía sostuvo a lo largo de su acusación que ahí volvieron a discutir y ambos caminaron calle abajo. Que en la altura de Dorrego 1.065 Lescano sacó el arma de fuego y le pegó un tiro en la cabeza a Cantero dejándolo tirado en el lugar. La Policía dice que Cantero tenía un envase de gas pimienta en la mano con el que habría intentado defenderse. Todo eso no se pudo probar en el juicio que no habrá.

LA INVESTIGACION

La investigación fiscal reconstruyó a partir de una cámara de video privada de una vivienda del sector que el atacante de Cantero se habría subido a una camioneta Chevrolet gris con vidrios polarizados tipo utilitario con la luz de posición trasera rota, similar a la que utilizaba Lescano esa noche. Los investigadores pudieron establecer que la camioneta tenía la patente BCL 051 y la secuestraron.

Mientras tanto, el médico forense Oscar Licciardi fue claro en su examen. La muerte de Cantero se había producido como consecuencia de la lesión por herida de arma de fuego cuyo proyectil ingresó por el parietal izquierdo y quedó alojado en la fosa occipital de ese lado. El proyectil rescatado del cuerpo por los especialistas resultó ser un plomo calibre 32.

El testigo dijo ante los investigadores que notó que los dos se iban discutiendo y al rato escuchó el disparo y una acelerada. Aunque fue lo primero que pensó, no creía que Lescano le hubiese pegado un tiro a Cantero. Salió al exterior a mirar, pero no vio nada extraño por lo que se acostó a dormir unas horas ya que debía trabajar.

Poco tiempo pudo M.B. descansar, ya que los fuertes golpes en la puerta de parte de la Policía lo despertaron. Fue entonces cuando se enteró de que a Cantero lo habían matado. Estaba ahí tirado, en la vereda. Lo reconoció rápidamente porque tenía la chaqueta con la que lo vio por última vez esa madrugada. Al principio se mostró reacio a decir lo que sabía porque Lescano sabía sus horarios y dónde trabajaba. Pero luego de consultarlo con su mujer, y sensibilizado ante su situación particular de que iba a ser padre, decidió atestiguar ante el temor de quedar involucrado en el caso.

De ese modo, le dijo a la Policía todo lo que había pasado en la reunión de esa noche y se comprometió a colaborar con la Justicia. Con ese testimonio clave el Ministerio Publico Fiscal pidió la detención de Lescano Jara, como así también el secuestro de la camioneta y los elementos que se relacionasen con la causa.

Después de la audiencia de control de detención y formalización de la investigación, Lescano Jara cumplió prisión preventiva por ser considerado “autor material del homicidio de Cantero”.

PRUEBAS QUE NO ALCANZAN

La Fiscalía realizó junto a la Policía un croquis del lugar del homicidio. Se hicieron análisis
bioquímicos y anatomo-patologicos. El oficial Pablo Lobos, de la Brigada de Investigaciones, analizó los videos de la cámara de una vivienda del sector.

En esas imágenes, aunque no se podía ver el rostro y la identidad del autor del ataque, sí sus zapatillas con detalles fluorescentes, similares a las que se le secuestró a Lescano Jara en su casa y con las que incluso lo describió el testigo al detallar cómo estaba vestido esa madrugada de charla y alcohol.

Lo que mostraba claramente el video era el vehículo en el que había escapado el asesino, el cual coincidía con el que manejaba Lescano esa madrugada. Una vez secuestrada la camioneta, se comprobó técnicamente que la luz trasera estaba quemada, tal como mostraba el video.

En la casa de la madre del sospechoso se secuestró una vaina calibre 38, pero Cantero había sido asesinado con una bala calibre 32, según el informe médico. El calibre no coincidía. Todos los elementos secuestrados fueron cotejados con ADN de la víctima y el imputado. Los resultados fueron negativos en cuanto al sospechoso. Y tampoco se encontró el arma de fuego empleada en el homicidio. Esa falta de pruebas científicas beneficiaron al procesado.

Sin embargo las pericias mecánicas y escopométricas resultaron positivas; incluso en la pericia papiloscópica se encontraron huellas del imputado en el casco de la moto de la víctima.

A Lescano Jara tampoco lo ayudaban sus antecedentes. Pesaba sobre sus espaldas un juicio abreviado del 11 de abril del 2013 con tres años de condena en suspenso por el delito de tentativa de homicidio.

El 6 de marzo pasado, el único testigo ocular del caso le dijo a la Fiscalía que se encontraba amenazado por una persona que le enviaba mensajes de texto y por individuos que lo buscaron en su domicilio días después del desgraciado episodio que tuvo a Cantero como víctima. Hasta lo habían amenazado personalmente, dijo. Y que quien firmaba los mensajes mencionaba un parentesco con el imputado, lo cual Policía y Fiscalía no pudieron acreditar.

Después de las amenazas y de que cuatro hombres se presentaran en su casa y no lo encontraran, M.B. decidió mudarse y fijar domicilio en otro lugar, el cual no asentó en la Fiscalía. Se sabe: el abogado de la otra parte siempre tiene acceso a toda la información que haga al caso, incluidos los datos filiatorios de quienes oficiaran de testigos en un hipotético juicio.

Llegó un momento en que ante la orfandad que sentía, M.B. se quebró y manifestó que toda la situación le generaba mucho temor por su vida y la de su familia. Frente a ello el jefe de fiscales, Marcelo Crettón, le dio intervención al Servicio de Asistencia a la Víctima del Delito (SAVD) para contenerlo y ofrecerle seguridad física, lo cual a esa altura fue considerado tarde por el testigo en peligro.

La Fiscalía hizo saber entonces al juez penal de la causa que su principal testigo ya no colaboraría con la investigación, lo cual hizo caer la causa. Es que aunque hubiese facultades para obligar al testigo reticente someterse a juicio, nada aseguraba que el hombre declarase lo que manifestó en un primer momento. Y aunque se lo pudiese imputar por falso testimonio, se señalaría al procesado y la duda lo beneficiaría. Eso es al menos lo que analizó el fiscal.

El juez Alejandro Soñis fue claro al disentir con los argumentos de la Fiscalía, por “aventurar cuál sería el contenido de la declaración que brindaría a futuro el testigo en una correspondiente audiencia de debate”. Pero entendió que era obligación del Estado “garantizar y preservar la integridad física” de todo testigo que deba brindar testimonio en proceso penal, estando a cargo el Estado, a través del Ministerio Público Fiscal, de la exclusiva responsabilidad de que hechos graves como el informado “no queden impunes”.

“Situación como la presente pone en riesgo la tramitación de los procesos penales en los que testigos de hechos como el que aquí nos ocupa, por temor o indiferencia o por estar sometidos a presiones por parte de terceras personas, decidieran no prestar testimonio, siendo ésta una carga pública ineludible, tornando de esa forma imposible llevar adelante las investigaciones correspondientes”, resaltó el juez Soñis al sobreseer al acusado.

A falta de acusación fiscal o ante el pedido de sobreseimiento por parte de la Fiscalía -la encargada de llevar adelante la acusación y la investigación en busca de la verdad y la justicia-, al juez no le quedó otra alternativa que proceder al sobreseimiento, ya que no puede inmiscuirse en la actividad de la fiscalía o arrogarse funciones de investigación.

El sospechoso quedó libre y sobreseído. La madre de Cantero todavía abre su face cada mañana esperando leer el saludo de hijo que se fue a buscar una mejor vida al sur y sus hermanas quisiesen tenerlo junto a ellas en cada fiesta, en cada cumpleaños. El pasado 30 de octubre una de ellas escribió cuánto lo amaba. La justicia no llegó porque los mecanismos que posibilitan establecer la verdad volvieron a fallar. Una vez más y van… (elpatagonico.net)

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