Sáb07222017

ActualizadoSáb, 22 Jul 2017 12am

Abel Pintos: "No hablar de mi vida privada es una elección; no me preocupan los chismes"

Abel Pintos se prepara para arrasar con su primer recital de estadio, en el Unico de La Plata.

 

Dijo "Hola" y se le dibujaron dos pocitos en las mejillas. Se inclinó un poco para saludarnos y se sentó en un sillón sosteniendo con sus manos una pierna flexionada, relajado, igual que sus ojos de bambi y la sonrisa con la que termina todas sus respuestas. Eso y el sombrero que casi nunca se saca son el santo y seña: Abel Pintos está ante nosotros.

Para qué quiero vivir / con el corazón desecho / para qué quiero la vida después de lo que me has hecho. Un Abel de 13 años que parecía aún más chiquito en el enorme escenario de Cosquín, el festival de festivales del folklore argentino, cantaba como un profesional. Todavía no le había cambiado la voz y se esmeraba en interpretar con tono grave y el ceño fruncido la angustia que los Hermanos Simón quisieron imprimir en la letra de "Chacarera de un triste", su primera canción en un gran recital.
Era 1998 y estaba naciendo un fenómeno.

Cuando llegó al mundo, hace 30 años, en Villa Mitre, Bahía Blanca, sus padres volvieron a elegir un nombre con A –habían llamado a sus dos primeros hijos Andrés y Ariel- pero esta vez se inclinaron por el que evoca al más noble de los hermanos bíblicos: Abel.

"Siempre fui un petardo pero no hablaba de mis sentimientos", reconoce el cantante que hoy se ubica con holgura en el lugar de estrella de la música popular. Con holgura pero también con sencillez. Recibe a Personajes.tv en un camarín muy luminoso. Pide disculpas por haber tardado hablando por teléfono. Tenía un asunto importante que resolver.

Afuera hay sol y tiene ganas de hacer las fotos en la calle pero no lo dejan. Sus fans, que se autobautizaron "abelitas" pero él prefirió llamar "cómplices", están muy atentas a sus pasos. Hace mucho que Abel no es un ídolo del folklore que puede bajarse de la combi con la que recorre los festivales y hacer una vida común. Meses atrás las entradas de su primer recital en un estadio se agotaron. Estamos hablando del show que presentará este sábado en el Estadio Unico de La Plata, el mismo en el que actuaron U2, Britney Spears y Metallica.

"Cantar en un estadio era un sueño", dice. Abel sabe de sueños. Siempre supo que iba a vivir de la música y una carrera de casi 20 años, dos Gardel de Oro (2013 y 2014) y discos editados en toda Latinoamérica bastan para dar por cumplido ese primer objetivo que se puso en la vida. Hay muchos más.

Tuvo que dejar el colegio para dedicarse a su pasión y aunque no se arrepiente está decidido a terminar el secundario: "Quiero estudiar la carrera de Letras. Cuando era chico rendía libre pero no llegaba a muchas mesas de examen. No había tantas posibilidades como hay hoy, que se puede rendir por Internet. Así que quiero aprovechar esas posibilidades para terminar el secundario y estudiar Letras".

-¿Otros objetivos por cumplir?

-El desarrollo de mi carrera en otros países también es un sueño para cumplir. Me gusta mucho leer y tengo algunas ideas... Me gustaría algún día escribir un libro. Y quiero correr la maratón de 42 kilómetros, me estoy entrenando y espero poder hacerlo.

-¡Sos muy deportista!

-Me gusta mucho hacer ejercicio físico, nadar y leer. Son las actividades que logran abstraerme, no de la creatividad, porque es una constante, pero sí de trabajar sobre una idea creativa, que es el trabajo.

-Ganaste tu segundo Gardel de Oro consecutivo hace poco más de un mes, compitiendo con Babasónicos y Andrés Ciro, ¿cómo fue ese momento?

-Fue muy feliz y conmovedor por las circunstancias [N. de la R.: ese día murió Gustavo Cerati] y por todo lo que nos pasaba en ese día. Fue inesperado, sabía que tenía posibilidades por estar nominado, pero luego, por ejemplo, a mí me gusta mucho Babasónicos, y no solamente Romanticísmico me parece un buen disco, sino que a mí, como público de ellos, me parece uno de los mejores discos de su carrera. Con Andrés me pasaba algo parecido. De manera que tanto el premio a la mejor canción como a la mejor producción del año y el Gardel de Oro me pusieron muy feliz.

-¿Te impactó que se haga la ceremonia un día de luto para la música argentina?

-Me parece que haber hecho la ceremonia de la música argentina, que esta vez no fue una fiesta sino una ceremonia fue la mejor manera de poder llevarlo adelante. Si no se hubiesen hecho los Gardel y yo hubiese tenido que hacer un show ese día hubiera sido terrible. Para mí y para cualquiera de los músicos que estaban ahí y para el público también. Deseaba que supiéramos aprovechar esa noche para cubrir toda esa angustia con el amor que nos provoca y con lo sanadora que es su música. Creo que de alguna manera fue la forma más amable de llevar adelante semejante conmoción.

La fama y sus consecuencias

-Tenés una carrera larga pero hace relativamente pocos años te convertiste en una estrella, con miles de fans... ¿Cómo vivís la fama?

-Todo ha tenido un crecimiento muy paulatino de la mano de mi crecimiento como persona y como artista. Porque mis discos son el resultado de una etapa que yo transité. Ese crecimiento personal, llamado espiritual, mental o empírico, lo canalizo a través de la música, y esa música genera otro efecto. Me llevo muy bien porque no hubo ningún cambio brusco en mi vida. Hubo cambios, los hay constantemente. Me puedo ir adaptando. Son paisajes que se vuelven muy naturales. No porque haya perdido la capacidad de sorpresa sino porque siento que llego en el momento en que tengo que llegar a ese paisaje.

-¿La prensa y los paparazzi son la parte mala?

-Los reportajes son parte de la música. No me significa ningún peso, al contrario. No hago música para tocar entre cuatro paredes, hago canciones para que recorran el mundo. Y una de las formas de lograrlo es a través de los medios. Hacer un reportaje no es algo que yo quería cuando empecé. Yo quería estar todo el día haciendo música o algo vinculado a la música. Además, no me siguen paparazzi porque está muy sabido que yo expongo lo que expongo a través de la música.

-Sin embargo, pareciera que nadie puede escapar de los chismes, más en los tiempos de las redes sociales.

- Eso existió siempre. Yo nací y me crié en un pueblo. Entonces, de chismerío sé muchísimo [risas]. Lo que pasa es que ahora se puede hacer chismes a grandes escalas. El meter las narices en la casa del vecino es un fetiche del ser humano que es real. Contra eso nunca se pudo hacer nada. Lo único que uno puede hacer es saber de qué manera uno quiere experimentar su vida.

-¿Te molestan o te preocupan las especulaciones sobre tu vida privada?

-No me preocupa en absoluto. El chismerío sigue siendo igual de inocuo y vacío. Hay ciertos aspectos de mi vida que no los pongo en la vidriera. Punto. Es mi elección. Después quien quiera decir qué hay detrás de la vidriera que diga lo que quiera, no me importa, es mi vida, yo sé lo que hago de mi vida y de la misma forma que desde los 11 años elegí y busqué lo que hoy estoy viviendo, yo elijo lo que vivo, sé las cosas que quiero vivir. De esas cosas, algunas las quiero compartir y otras no. Probablemente el día de mañana, en otra circunstancias de mi vida, decida mostrar y contar otros aspectos de mi vida. Todo esto se trata de compartir: yo a través de mi música comparto mis emociones. Quizás en otro momento sí quiera compartir esa parte de mi vida.

-Decías que cada disco habla de una etapa, ¿qué etapa es Abel [su último álbum]?

-Abel habla de aceptar. Tiene un nombre propio porque me parece que todo lo que aceptamos en nuestra vida queda detrás de nuestro nombre y nuestro nombre pasa a ser un símbolo de eso que aceptamos para los demás. A la hora de trabajar en el estudio específicamente yo acepté algo muy significativo para mí como artista que fue tomar la producción del disco. Que significó un desafío artístico y personal muy grande.

-¿Qué otras cosas aceptaste?

-Este disco habla mucho de la libertad. Acepté entender que la libertad es un estadío y no un símbolo. No un lugar adonde llegar sino una forma de caminar, de transitar el camino. Me dí cuenta que hoy, el vértigo con el que vivo los tiempos podría ser un encierro y sin embargo tengo la libertad de hacer un montón de cosas que antes, cuando tenía tiempo, no podía hacer. Elegir sentir la libertad de esa manera es otra cosa que acepté.

-¿Qué salidas elegís para divertirte?

-Mis días para salir son raros, son lo martes, no hay nada los martes, es muy difícil salir un martes [risas]. Voy a tomar algo, plan restaurante, guitarrear un poco con amigos, alguna peña.

-Cantaste con grandes de la música y con tu ídola, Mercedes Sosa, ¿con quién más te gustaría compartir escenario?

-Con Plácido Domingo, con Sabina, con Marc Anthony, con Rubén Blades, Pablo Milanés... ¡Con un montón!

-¿Cómo te tomaste la versión que hizo Agapornis de tu hit "La llave"?

-Muy bien porque respeto a todos los músicos por igual. Y fundamentalmente porque yo era intérprete en los primeros años de mi carrera y entiendo muy bien lo que busca un intérprete en las palabras de un autor. Que alguien más encuentre en mis palabras la vía para transmitir lo que quieren transmitir me conmueve. Además, ¡fue un hit! Después de todo, yo pretendo ser un músico popular. Una de mis mayores felicidades es ser respetado y considerado en todos los géneros. Yo veo la música más allá de los géneros.

Cuando la música se politiza

-Está abierto el debate por la despenalización del consumo de marihuana y muchos músicos, además de políticos, opinaron al respecto. Vos, ¿tenés una postura tomada?

-Es delicado opinar sobre eso en este momento. Porque el titular es muy llamativo para todos pero hay muy poca información. Existe el proyecto de despenalización de las drogas. ¿Por qué? ¿Para qué? Si no sé por qué y para qué, no sé cómo opinar. Lo que yo quiero es lo más positivo. Yo no consumo drogas, así que desde ese lugar no puedo hablar porque no tengo esa necesidad. Luego, soy parte de una sociedad. ¿Tienen la intención de despenalizar la droga? Ya sé cuál es el efecto de que la droga no sea legal. Ahora debería saber cuál es el efecto de que lo sea y ahí voy a saber cómo elegir.

-¿Qué pensás del debate que se instaló?

-Es lo que pasa en la política en general. Es más grande la cara del postulante y su sonrisa, pero en el afiche no dice lo que propone. Me propone una sonrisa, una cara, un color de campaña, una tipografía, una estética divina, pero decime qué es lo que vas a hacer y así yo sé si lo puedo elegir o no. Yo, si no estoy informado, me resulta delicado opinar, sobre todo en estas cuestiones.


Abel Pintos se prepara para arrasar con su primer recital de estadio, en el Unico de La Plata.
-Se avecina el año de elecciones, y los músicos muchas veces entran en la disputa cuando participan en el acto de un partido político. ¿Cómo ves esa situación?

-Si un músico toca solo para una bandera política está demostrando clarísimamente su ideología y no me parece deleznable, me parece que está muy bien. Pero no es mi caso. Eso por un lado. Después, decir que un músico tiene determinada inclinación política por tocar en un acto que tiene relación con un determinado partido político no me parece correcto. Porque yo toco en una fiesta de un pueblo y hoy es un pueblo con gobierno radical y mañana es un pueblo peronista, y eso no quiere decir que yo sea ni peronista ni radical. Eso lo sé yo en el momento que voy a votar.

-No te preocupa...

-No. Es como este debate de la música comercial y no comercial . ¿Qué vuelve comercial a algo? Que haya una oferta y una demanda. Si vos no hacés música comercial, contame dónde regalás tus discos. Porque desde que vos vendés una entrada o un disco, eso ya es comercio. Ahora, que un músico haga algo con lo que no está de acuerdo por dinero ahí si se quiere es más criticable, si se quiere. Con la política es lo mismo, hay que separarlo.

-¿Te parece que es difícil separar las cosas en estos tiempos?

-En un momento se hacía el Festival Argentina En Vivo y nadie se fijaba si era del gobierno. Era un festival de música, y todos íbamos a disfrutar. Ahora no. Todo está tan separado, hay una cuestión separatista política tan grande, que es dañino.

Fuente: La Nación

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