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ActualizadoMar, 11 May 2021 10pm

Orgullo bahiense: El cirujano que realizó el primer transplante de corazón con sobrevida en el país

Fernando Boullon. Cirujano cardiovascular y torácico. Estuvo a punto de irse a Québec, Canadá, cuando conoció a René Favaloro y decidió quedarse en la Argentina. Trabajó con el reconocido doctor desde 1972 hasta 1988. Le transplantó el corazón a una mujer que pudo ser madre por parto natural.

“Fui su discípulo y él se preocupó por enseñarnos, por darnos un espacio”, es la primera afirmación que el cirujano cardiovascular Fernando Boullon hace sobre el doctor René Favaloro, el hombre que revolucionó la cirugía cardíaca y una de las personalidades más influyentes en la Argentina del siglo XX.

Boullon nació en Bahía Blanca, el 20 de enero de 1942 y de chico soñaba con ser marino (con el tiempo se dio el gusto de navegar en velero hasta el Caribe). Cuando terminó el secundario aún no había decidido cuál iba a ser su futuro.

Pensó que estudiando medicina podía convertirse en médico naval. En 1966 se recibió de médico, hizo la residencia en el Hospital Penna y luego se fue a trabajar a Caleta Olivia y a Comodoro Rivadavia. Cuando estaba a punto de irse al Hospital
Sacre Coeur de Québec (Canadá) el azar hizo que se encontrara con Favaloro, “quien en ese momento no era nadie”.

“Era el año 1971, me agarró un ataque de antipatriotismo agudo y me quise ir a Canadá con el doctor Mustard de cirugía cardíaca pediátrica. René volvía a la Argentina y en ese momento me reencontré en el velatorio de mi abuela con el doctor Alfredo Vispo, mi instructor de residente de quien aprendí a hacerme cirujano. Me aconsejó que no me fuera a Canadá y me acompañó a ver a Favaloro en el Sanatorio Güemes, cosa que hice. Ahí comenzó todo”.

Cuenta que Favaloro le preguntó cuánto quería ganar. Le respondió: "Con lo que había trabajado hasta ahora (5 años) como cirujano general, me compré un departamentito a cuatro cuadras del Güemes y tenía un Fiat 128. Si me da para comer, yo vengo. Lo que quiero es aprender”. Favaloro fue directo: “Es ideal tener tu casa cerca porque vas a vivir adentro del Güemes”.

El 3 de mayo de 1972, Boullon hizo la primera guardia junto a Favaloro. “Era una cosa terrible, hacíamos tres guardias por semana. Favaloro era duro con él y con los demás, fueron años de un aprendizaje brutal. Él tenía más de 5.000 cirugías a corazón abierto”, afirma.

Boullon, que desde 2008 reside en Neuquén, reconoce que tenía que “haber sido muy patriota” para que Favaloro hubiera dejado todo el confort que tenía trabajando en la Cleveland Clinic de Estados Unidos para venir a la Argentina "a pelear por todo".

Lo describe como “un tren de alta velocidad, empujando todo eso (...) uno tenía que subirse a ese tren porque no paraba. No quedaba más remedio que seguirlo. Así funcionaba nuestro servicio. Él tenía una frase que decía en inglés “One way ticket”, que significa 'Boleto de ida solamente'”.

De esos primeros años se recuerda trabajando en dos quirófanos que habían sido salas de parto, adaptadas para Favaloro. “Las mesas eran hidráulicas y a veces, si subían, no bajaban, entonces había que operar desde muy alto, arriba de unas tarimas. Eso funcionaba a pulmón, a tracción de sangre de todos nosotros que trabajábamos sin horario y con muy baja remuneración, solamente, o casi, por aprender”, describe.

En 1977, Favaloro decidió enviar a Boullon a rotar por unos meses a la Universidad de Stanford, Estados Unidos, con Norman Shumway, uno de los profesionales más importantes en avances médicos en el mundo. También le dio la oportunidad de capacitarse en la Universidad de Utah y en el Hospital de la Pitié-Salpetriere, en París. “Trabajé y vi todo lo necesario para importar el trasplante cardíaco a nuestro país, que era otra de las ideas de Favaloro”, señala.

Cuando en agosto de 1984 realizó con éxito el primer trasplante en la Argentina, recuerda que Favaloro le dijo: "Vas a hacer este trasplante, no podemos fracasar". "Yo, parado delante del tórax abierto, no sabía qué hacer, cuando escuché la voz de René que me dijo: ‘Sabés que soy medio brujo. Esta chica va a vivir muchos años. Créeme. Ahora cerrá el tórax y andá a descansar'. El quirófano, para Favaloro, era su campo de batalla, su lugar de enseñanza". (La Mañana de Neuquén)

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