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ActualizadoDom, 17 Ene 2021 1am

Tiene una hija haitiana y se indignó por el abandono de los mellizos africanos: “No se adopta a un niño negro porque los negritos son simpáticos”

Andrea Murphy es mamá de una nena de 12 años a la que fue a buscar luego del terremoto en Haití. Esta semana, cuando leyó sobre los hermanos de Guinea Bissau dejados en Bahía Blanca, escribió un fuerte repudio en sus redes: “Un hijo no se devuelve, no es opción”

 

Andrea Murphy es argentina, vive en Caballito, trabaja en un laboratorio veterinario y es la mamá de Samantha, una nena de 12 años a la que conoció cuando era bebé en 2010, unos días después de que Haití sufriera un terremoto devastador.

Si bien a lo largo de estos años muchas familias argentinas que adoptaron a sus hijos en Haití contaron sus historias en los medios, Andrea había preferido mantener su perfil bajo. Pero la historia de los mellizos africanos que hace diez días fueron abandonados en una comisaría de Bahía Blanca le generó tal indignación que la impulsó a levantar la voz.

La adopción no es una moda. No se adopta para hacer el bien, por beneficencia ni solidaridad. No se adopta a un niño negro porque los negritos son simpáticos, para mermar el hambre o mejorar el mundo.

Así arranca la publicación que Andrea hizo el miércoles en su perfil de Facebook, donde tiene muchísimos contactos de otras familias que tienen hijos haitianos. “No sólo me dio mucha bronca lo que hicieron, porque creo que nunca los consideraron hijos. También que había gente que los defendía”, cuenta ella a Infobae.

Andrea está en pareja desde hace unos 15 años y la historia del deseo compartido de tener un hijo o una hija arrancó con la búsqueda de un embarazo. Después de un año de intentos fallidos y estudios, detectaron que tenían algunas dificultades de fertilidad por lo que pagaron para hacerse una ICSI, que es un tratamiento de reproducción asistida de alta complejidad. Pagaron porque todavía no existía la ley que cubre los costos, que fue sancionada en 2013.

“Sin embargo, sabía que podía no funcionar y mi deseo de ser madre era tan grande que empecé a buscar algo más real”, sigue ella. Con las inyecciones que tenía que aplicarse ya en la heladera de su casa, Andrea usó las noches de insomnio para investigar sobre adopción en Argentina. “Leí que los tiempos eran infinitos. A veces podías esperar 10 años, incluso podía no suceder nunca”.

Era 2009 cuando leyó en la revista Para Ti la historia de Alejandra San Juan, una mujer que había recurrido a la adopción internacional para adoptar a una hija y a un hijo en Haití, una opción que hasta ese momento Andrea desconocía. “Y le escribí. Ella me contestó, me contó las condiciones que pedían y los tiempos, y así supe que la espera aproximada en ese momento era de 1 año y 8 meses”.

Andrea se embaló y aceptó la invitación a una reunión en la que iba a haber otras familias con sus hijos haitianos. “Y ahí ya no me paró nadie. Yo no vi que eran chicos negros, vi chicos: chicos alegres, sanos, vi madres y padres jugando con sus hijos”, describe. “Pasé de una posibilidad remota de lograr ser mamá a una posibilidad concreta de cumplir el deseo que había tenido siempre”.

Renunció al tratamiento de fertilidad y en dos meses y medio juntó los papeles que pedían en el orfanato. Pocos meses después, ya en enero de 2010, le llegó un mail en el que le preguntaban si querían adoptar a Samantha, una nena de 1 año y 4 meses. Andrea y su marido dijeron que sí sin conocerla. Después, recibieron una foto carnet.

“Estaba seria, toda vestida de azul. La fotito no decía nada y decía todo a la vez, porque para mí ya era mi hija. La veía igual a mí, la hubiese adoptado negra, amarilla, verde. Estaba viendo a mi hija, la raza me pareció algo secundario”, recuerda. De eso también habla la publicación que Andrea hizo esta semana en Facebook.

No se adopta por apariencias, se adopta por deseo. Por amor. Porque tenés un amor que te desborda el cuerpo y te hace explotar el corazón. ¿Se adopta? No lo sé. ¿Yo adopté o te tuve en la panza? No es lo mismo pero se siente igual. Un hijo es un hijo. No importa si es biológico o no. No hay hijos de corazón. Hay solo hijos.

Con sus alegrías. Sus penas. Sus traumas. Sus quilombos. Con todos los momentos de felicidad. Con sus enfermedades. Con todo lo bueno y todo lo malo. Si no estás dispuesto a comprometerte al 100% con tu hijo y todo lo que trae consigo, con su historia, no adoptes. LOS HIJOS NO SE DEVUELVEN. NO ES OPCIÓN.

Andrea se refiere al caso que causó estupor esta semana y llegó a todos los medios nacionales. La historia de un matrimonio que adoptó en 2019 a hermanos mellizos en Guinea Bissau, un país de África Occidental, y los dejó el 17 de noviembre (poco más de un año después de haber ingresado a Argentina) en la Comisaría de la Mujer y de la Familia de Bahía Blanca.

El hombre de la pareja, según consta en la denuncia, dijo que los dejaba “por razones de índole personal, que dificultarían su vinculación y el sostenimiento de su vida familiar”. La denuncia, hecha por el equipo interdisciplinario de esa comisaría, también sostiene que el hombre “sin ningún miramiento” entregó a los niños “desentendiéndose totalmente de las obligaciones paternas de cuidar, convivir, alimentar y educar a sus hijos”.

Los mellizos africanos tienen 6 años y quedaron en un hogar de abrigo.

Se supo también, según la denuncia policial, que a los chicos les habían cambiado los nombres originales. “Los niños vienen con una historia y con una identidad”, explica Andrea. “No se le roba su historia ni se le quita su identidad. Es su derecho. No se les cambia el nombre”.

La responsabilidad de la adopción

El terremoto del 12 de enero de 2010, que provocó casi 300.000 muertes en Haití, agilizó todavía más los tiempos que Andrea tenía previstos: un mes después de ver a Samantha en una foto carnet viajó a buscarla.

Es que otros padres más experimentados de lo que ella era en ese momento supieron que, como los orfanatos estaban saturados, Haití estaba acelerando algunos trámites y se sumaron a las gestiones.

“Fue rápido en ese momento, pero no es que te vas afuera, te traés un chico y listo. A mí me hicieron los tests americanos, que tienen más de 500 preguntas, pasé entrevistas con psicólogas, tuve que presentar certificados de salud, me estudiaron de arriba abajo. No sé cuáles son ‘las razones de índole personal’ de la familia que abandonó a los mellizos africanos pero si no estaban capacitados para ser padres falló todo el sistema. Los hijos, como te decía antes, no se devuelven”.

Andrea tiene 46 años y desde la primera línea de su texto contradice los estereotipos. Por ejemplo, las razones por las que alguien decide adoptar.

“Muchas veces me dieron una palmadita en la espalda. ‘Che, qué buena acción, la salvaste de que se muriera de hambre’. Como si la adopción no fuera un acto de amor sino de solidaridad o de beneficencia. Pero uno no está sacando a un perro de la calle, yo no hice 6.500 kilómetros para ir a buscar a una negrita porque me quedaba linda en la foto familiar: yo quería ser mamá y Haití ofrecía tiempos de adopción acordes a las necesidades de nuestra familia”.

Dice que no es el primer caso de niños devueltos que conoce y que le indigna que haya quienes no contemplen que un hijo adoptivo viene con una historia, muchas veces ligada al hambre o algún tipo de maltrato. En el posteo también dice:

HIJA: te amé sin conocerte. Sin saber como eras. Ya amaba la idea de tenerte. Te amé sin saber si eras negra, verde o azul, con ojos, sin pies. Sana o enferma, feliz o triste. Te amo hoy con las alegrías, los triunfos, los momentos compartidos, los quilombos, las tristezas.

“Un hijo adoptivo viene con una historia, más o menos difícil. Por poner un ejemplo, Samy al principio no comía. Claro, no sabía masticar, venía de comer harinas todo el tiempo. Yo le hacía seis comidas por día, me frustraba, terminaba llorando, pero eso era parte de su historia, fue aprendiendo, necesitó que la acompañáramos”, ejemplifica y se despide:

A los 9 o 10 años, empezó con algo que le pasa a muchos chicos adoptivos, lo fuimos aprendiendo en los foros de adopción, con la psicóloga: sienten la necesidad de llevarte al límite para ver si sos capaz de abandonarla. Cuando aceptás adoptar a un hijo lo adoptás también con eso. Estás al 100 por 100, la opción ‘te devuelvo’ cuando siento que no puedo, no existe”.

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