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ActualizadoDom, 24 Sep 2017 9pm

La Secretaría de Niñez recibió 46 denuncias por casos de acoso escolar en la Provincia

Un total de 46 casos de bulliyng o acoso escolar fueron abordados por el Sistema de Promoción y Protección de Derechos del Niño en la provincia de Buenos Aires en 2013, según un informe elaborado por la Secretaría de Niñez y Adolescencia bonaerense.

 

Se trata de 21 niñas y 25 niños o jóvenes menores de 18 años, cuyos casos fueron denunciados como tales y fueron abordador por los Servicios Locales o Zonales ubicados en 17 municipios.

Además el trabajo estadístico, elaborado mediante el Registro Estadístico Unificado de Niñez y Adolescencia (REUNA) resalta que 15 casos fueron por presentación espontánea de la víctima o de sus familiares, 11 por instituciones de Educación, 10 por la Justicia, 7 por organismos de Seguridad, 1 por Salud, 1 por el Consejo de Niñez de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 1 por el Registro Nacional de Chicos Extraviados.

Sobre el tema del acoso u hostigamiento escolar, el secretario de Niñez y Adolescencia, Pablo Navarro, sostuvo que “si bien son pocos los casos registrados comparados con otras causas tales como el maltrato intrafamiliar, también es cierto que en estas situaciones de acoso o de violencia escolar no son denunciados y muchas veces los niños o sus padres no piden ayuda profesional”.

“Lo fundamental es que los chicos, sus referentes adultos como familiares y docentes puedan alertar sobre estas situaciones y en caso de no encontrar las soluciones poder pedir ayuda profesional.

También pueden acercarse a los Servicios Locales de Promoción y Protección de Derechos que funcionan en más de 120 municipios o comunicarse a la línea telefónica gratuita en el número 102”, agregó.

Las situaciones de violencia en las escuelas motivaron que en 2012 la Subsecretaría de Promoción de Derechos del Niño de esta cartera provincial, a cargo de Sebastián Gastelu, junto con Dirección General de Cultura y Educación y otras dependencias del gobierno provincial elaborara una “Guía de Orientación para la intervención en situaciones conflictivas y de vulneración de derechos en el escenario escolar”.

Entre otros escenarios de violencia, este protocolo para los docentes indica qué deben hacer ante casos de acoso escolar u hostigamiento.

Entre los puntos más salientes, la guía menciona que “el hostigamiento supone el padecimiento, por parte de uno o más miembros estigmatizados de la comunidad escolar, de formas de agresión sostenidas en el tiempo. Esto puede darse dentro del ámbito escolar o fuera, por ejemplo, a través de la utilización de las tecnologías de la información y comunicación (como las redes sociales)”.

También se insta al abordaje desde los equipos de Orientación Escolar, a entrevistar a los padres o referentes adultos de todos los involucrados en el conflicto y en base a cada caso acordar una estrategia de intervención que puede incluir el pedido de asistencia al Sistema de Promoción y Protección de Derechos de la provincia.

El bullying y su abordaje

La licenciada en Educación y docente de la Dirección Provincial de Planificación de la Secretaría de Niñez, Julia Zafra, asegura que “el bullying no es una agresión cualquiera en el ámbito escolar. Es el hostigamiento y la violencia sostenida en el tiempo y requiere de una complejidad relacional entre un niño o adolescente que no puede controlar sus niveles de agresividad y su capacidad de percibir al otro como sujeto de derecho, y una víctima con cierto grado de vulnerabilidad”.

“En general, el niño o joven que agrede no ha tenido figuras de crianza que pudieran instalar en él mecanismos necesario para el control de su violencia. Este proceso no se ha cumplido o no ha sido exitoso”, agrega.

Zafra, con amplia experiencia en la intervención profesional ante el abuso y maltrato infantil, sostiene que “el hostigamiento sucede en la escuela porque es el primer ámbito exogámico de la familia. Es probable que quien es agresivo en la escuela también lo sea en su hogar pero tal vez esas conductas no sean visibilizadas o quizás se observan y no se evalúan como algo inadecuado”.

“Además, la segregación de un chico por parte de sus pares en el colegio, facilita este tipo de conducta porque instalan el foco en la posible víctima y además alientan al agresor a traspasar barreras que otros no se animan”, explica.

Con respecto al abordaje de estas situaciones, la especialista indica que “se requiere de un fortalecimiento de la prevención temprana, es decir, previo al hecho consumado de agresión” y resalta que es fundamental “no solo detectar a los chicos que agreden, que fácilmente son identificados, sino también a los niños que puede llegar a ser vulnerables y convertirse en víctimas”.

En este sentido, Zafra asevera que “como estos chicos son más callados, no molestan, respetan las reglas, hacen los deberes, muchas veces no se interviene a tiempo con ellos y se pierde la oportunidad de potenciar sus mecanismos de defensa, de tal manera que puedan ellos mismos ponerle un freno al hostigamiento o la agresión o tengan la capacidad de pedir ayuda para no ser sometidos por el miedo”.

“En un segundo momento, producida la agresión, es fundamental intervenir con ambos niños y con sus familias. Siempre el abordaje temprano es más efectivo y tiene más posibilidades de éxito. No es lo mismo poder intervenir con niños de primaria que con un adolescente agresor de una escuela secundaria donde será mucho más complicado instalar la conciencia sobre los derechos y el espacio de los demás”.

El acoso escolar y las redes sociales

“Las redes sociales no son el eje de la cuestión ni mucho menos. Como cualquier tecnología pueden ser bien utilizadas o mal utilizadas. Es cierto que pueden actuar como potenciadores de la agresión porque permiten actuar bajo el anonimato durante el hostigamiento pero son solo un canal”, asegura Zafra.

Además, la educadora  indica que “no hay una edad exacta para hablar de bullying, aunque hay que diferenciarlo de la etapa evolutiva de los chicos, donde pueden existir el juego agresivo como parte de un proceso de sociabilización con el otro, en el cual los chicos están en las mismas condiciones de ejercer fuerza entre ellos. En cambio, en el bullying hay conciencia de la fuerza y el poder que tiene un niño sobre otro para ejercer ese poder y someterlo”.

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